
«En el jazz tocamos todas las notas, doce notas en la escala. No tres cuerdas en un ukelele.»
John Goodman.
Dicen los que saben que los mejores músicos del mundo son los de jazz.
Dicen (los que saben) que es por su habilidad de sacar del aire notas inventadas.
Un momento atrás vacío, un segundo después un sonido envolvente que nace de la nada.
Eso es jazz, y todo improvisado
– dicen los que saben.
La habilidad de improvisar es importantísima. En el jazz, en la vida, para follar o para librarte de la mili como hizo mi padre.
Por supuesto, en el copywriting y en los negocios también.
Diría que hay 3 reglas para improvisar.
1. Ser único (sea en el tono o en el producto)
2. Innovar (no hacer siempre lo mismo)
3. Estar preparado.
Y la más importante de las tres es estar preparado.
Si el xef Dabiz Muñoz no estuviera preparado no podría innovar con su cresta esos platos únicos.
Aparte, si lleves una cresta al trabajo y no estás preparado y eres el mejor es que eres tonto.
Pero él puede hacerlo porque está preparado.
Otro ejemplo.
Picasso pintaba «como un niño» porque sabía pintar como Velázquez. Precisamente porque sabía pintar una cara como si fuera una foto es que pintaba como un niño.
Estaba tan preparadísimo que hacía lo que a él le venía en gana.
Sea en el jazz, cocina o pintura lo que diferencia a unos de otros para «improvisar» es su habilidad de salirse del camino establecido.
Improvisar el camino, caminar, hacer el camino al andar.
Pero para improvisar tienes que conocer los principios tan bien (pero tan bien) que te puedas permitir el lujo de no seguirlos.
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Migui.

