
Cuando estaba en la universidad cambié el mundo muchas veces.
Cambiaba el mundo fumando maracas desde mi habitación con todos mis amigos, claro.
Veíamos documentales del 11-S y nos íbamos a raves porque ahí era donde se cocía el cambio real de un futuro mejor.
Pero sobre todo lo cambiábamos hablando mal de los políticos.
¿Sabíamos lo que decíamos?
Eso era lo mejor.
Teníamos la habilidad de hablar sin parar sin decir nada con sentido.
Mucho más tarde me di cuenta de que los políticos no cambian el mundo.
Sencillamente no es su labor.
Parece que sí, pero no. No lo es.
Así que dejé de quejarme.
Me di cuenta de quien cambia el mundo son las empresas, los emprendedores.
Fue doloroso entender esto porque yo era un bohemio y la empresa, el enemigo.
Pero en el fondo, ¿quién aporta más al mundo, Ikea o yo fumando trujas?
Los empresarios son quienes cambian el mundo.
Ha sido Space X (empresa privada) quien ha adelantado a la NASA (estado) en innovación aeroespacial.
Ha sido Ikea quien introdujo muebles de diseño a bajo coste para todo el mundo.
Ha sido Amazon quien nos ha puesto la vida mucho más fácil a todos.
Ha sido Zara quien nos da ropa buena, bonita y barata.
Los emprendedores hacen, los políticos hablan.
Son los emprendedores quienes cambian el mundo.
No el político, no el funcionario, no el del bar, no el que se queja.
Esos no.
Los emprendedores cambian el mundo.
Por eso es una pena absoluta que el 90% de negocios no salga adelante.
Gente que podría aportar al mundo pero no lo hace porque no sabe qué tiene que hacer para llegar a la gente.
Y es una pena porque (en la mayoría) se resuelve entendiendo el marketing en su más amplio sentido.
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Migui.

