
No sé dibujar.
No sé encender el photoshop.
Me gusta el Canva.
Todos los diseñadores odian Canva.
Tardé como 50 años en poder crackear el ilustrator porque soy torpe como pocos y no sé hacer prácticamente nada.
Me aburren los museos sobremanera. De hecho, una vez estábamos mis colegas y yo en Berlín y fuimos a noséké museo que tenía los más maravillosos cuadros y piezas de arte del mundo.
Me quedé dormido en un banco como el mendigo que soy.
No soy diseñador ni he estudiado bellas artes ni mi pasión es dibujar, pintar ni nada que se le parezca.
Pero en realidad miento como un bellaco. Sí me gusta una cosa relacionada con el diseño.
Esa cosa es probablemente lo que más influye a la hora de diseñar páginas web para que no queden infumables aunque sean 30 páginas en word (como algunas de mis cartas de ventas)
De lo que estoy hablando son las tipografías.
Los más canosos de esta lista sabrán de mi amor, devoción y fanatismo ante ellas.
Es un fervor religioso el que siento.
Y resulta, mira tú qué casualidad, que son la clave para que el diseño salga bien.
Es decir, para que entres a una página y la web no te devuelva una patada en el ojo.
Así que no, no soy diseñador, maquetador, ilustrador, dibujante ni nada.
Pero como me gustan las tipografías, me gusta venerarlas dándoles equilibrio, jerarquía, combinación y espacio.
Tengo como toc para esto.
Y ese toc hace que no seas un cutre, se entienda tu propuesta, quede clara tu promesa, parezcas profesional, des confianza, construyas tu marca, etc.
Y sobre todo, ese toc hace que las páginas largas se lean.
A más se leen, más gente compra.
Sin más.
https://miguelvz.com/narrativa-org/
Migsey.

