
Si vas a una feria y subes a la atracción más alta, gritarás.
Si te subes a una avioneta y te tiras, gritarás.
Si pasa algo inesperado y no puedes hacer nada, gritarás, maldecirás o Dios sabe qué cosas puede hacer alguien cuando no controla la situación.
Gracias por decirlo, ahí quería yo llegar. Al control.
Las personas necesitamos controlar todo como un niño maneja su coche teledirigido.
Necesitamos un joystick con el que poder mover todo a nuestro antojo.
Necesitamos tocar, palpar, cerciorarnos de que tenemos la situación controlada y que somos nosotros quienes tomamos las decisiones.
Por esa razón las cartas de venta funcionan tan bien.
Una carta de ventas es un lugar que visitar una y otra vez.
Llegas, lees y te vas.
Vas controlando tu decisión de compra. Vas mirando poco a poco si te interesa o no. Pero en realidad la carta de ventas ya está haciendo su trabajo: está influenciando desde el minuto 1 con su estática pose.
Pero tú, yo, todos creeremos que “nosotros vamos tomando la decisión de compra”
Llegas, lees y te vas. Esa es la gota que va erosionando la roca. La gota que te va persuadiendo para que compres.
Y te va convenciendo porque tú eres el que tiene el control, el poder, el que decide volver una y otra vez a esa carta.
Ese es el poder de las cartas de venta.
Todo mi negocio desemboca en cartas de venta. Y gano 5 veces más que lo que ganaba en una agencia “líder en su sector”.
No lo digo por fardar, ni hacerme el chulo, ni nada.
Lo digo para que se vea el potencial, porque tiene su importancia saber hacerlas.
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El Migui.

