
Una historia de miedo que nada tiene que ver con el copywriting:
Corría el año 1243 cuando mis amigos Pove, Tori, Rana (es del Líbano y se llama así de verdad) y yo nos comimos unas setitas alucinónegas al son de la luna.
O como a mi me gustaba llamarles: unas muschrummms. Así, alargando mucho la “m” saboreando el colocón que estaba a punto de llegar.
Hablando del sabor:
Cuando los 4 jinetes nos metimos eso en la boca el sabor era como comer cartón mojado.
Comías unas pocas muschrummms y tenías que beber agua rápido porque no había Dios quien tragara eso.
Estuvimos 10 minutos poniendo cara de asco mientras nos las comíamos hasta que finalmente no quedó nada.
“Bueno, ahora a esperar. Vamos a dar una vuelta por la cartuja” – dijo alguien.
Estábamos en mi residencia y enfrente había un descampado enorme con matorrales. ¿Y en medio? La Cartuja de Graná.
Nos pareció un buen sitio para dar una vuelta porque por aquella época descampado = naturaleza = vivir a tope la experiencia.
A los 20 minutos empezamos a notar algo.
A los 30 ya había subido bastante.
Y a los 45 minutos los 4 jinetes del apocalípsis estábamos saltando por mitad de lo que creíamos hermosas y bellas praderas del sur de España.
(Solo había sequedad y matorrales)
Con las setas el colocón sube y baja. No estás todo el rato on fire sino que hay olas de éxtasis y olas de calma.
Pero durante una de esas olas de colocón vi una luz en mitad de la nada, en el aire. No se veía muy bien porque era de noche. Pero sí, allí estaba esa bola de luz acercándose a nosotros.
“Mierda”, -pensé.
Ahí empezó mi bajón al inframundo.
Empecé a pensar a toda hostia que si aquello era fruto del colocón o no.
Mi mente empezó a ir rapidísimo y rayadísimo.
Fíjate si iría colocado que no les dije nada a mis amigos porque si yo era el único que veía esa luz…
¡Es que me había vuelto completamente loco!
Pero la puta luz seguía ahí y se acercaba cada vez más.
A más se acercaba la luz, más rayado y peor viaje tenía.
Hubo un momento en que no pude controlar mi mente y el miedo se apoderó de mí.
Así que dije “Pove tío, ¿tú ves eso?”
Gracias a Dios lo ve y ahora somos 2 locos. Las chicas están por ahí haciendo…yo qué sé.
Pero llegan y ellas 2 también ven la luz.
Todos veíamos aquella luz que flotaba en el aire.
Y lo peor, todos veíamos cómo se acercaba a nosotros imparable.
Eso no era de la coloqueta, algo pasaba.
Y todos pensábamos lo mismo: ¡Nos tiene que pasar esta paranoia justo cuando estamos más colocados que el copón!
Pero a medida que se acercaba vimos que no era una luz que flotaba en el aire.
Sino que esa luz la estaba sujetando alguien con un palo.
Lo que pasaba es que ese “alguien” era un…
…fantasma.
Cuando los 4 vimos aquello dijimos a la vez:
Joder, qué mierda…
O al menos alguien disfrazado de fantasma.
¿Fantasma como yo de fantasma o más fantasma?
Casi tan fantasma como yo.
Pero al fin y al cabo era un tipo que estaba disfrazado de fantasma y nosotros colocados.
Eso siempre es peligroso, perturbante y embajonante porque te corta el rollo.
Es más, cuando vas colocado de setas lo último del mundo que quieres es hablar con alguien que está fuera de tu trip. No es que no quieras, es que no puedes.
No puedes pedir fuego a nadie, no puedes comprar el pan, sencillamente te da pánico hablar con alguien.
Al menos ese era mi caso. Si ya soy un puto antisocial de normal con eso ya es impresionante.
Así que imagínate lo que es ir hasta el orto-ché y ver a un tipo que no sabes quién es disfrazado de fantasma…¡en abril!
Se te pasan miles de pensamientos y ninguno bueno.
El fantasma seguía viniendo hacia nosotros desde lo lejos mientras barajábamos opciones de quién sería y sobre todo…qué quería.
¿Robarnos, trolearnos, pasaba por allí de casualidad, quería unirse a nosotros sin más?
Ninguna opción es buena en un estado mental como en el que estábamos. Ninguna.
En ese momento el colocón ya estaba por los suelos y la paranoia por los cielos.
Y el fantasma seguía viniendo y viniendo.
Hasta que en un momento el grandísimo hijo de su empezó a hacer sonidos con la boca.
“Uuuuhhhhh”
“Oooohhhhh”
Y empezó a decir frases clichés de fantasmas:
“No tengáis miedoOoO”
“No os va a pasar nada”
“Uuuhhh”
“Oooohhh”
En ese momento ya supimos que era el desgraciado de mi amigo Melli.
Melli lee estos correos. Sí, Melli. Aunque no me contestes a los wasaps este email es para ti. Que sepas que sé que me lees y te echo de menos. Llámame, perra. Te quiero.
https://miguelvz.com/narrativa-org/
Migui de Pu.

