
Si quieres ver tu nivel de “persuasión” hay un ejercicio que no falla
– Enciende la TV a las 21:30.
– Pon Quatro.
– Verás en la pantalla First Dates.
Ahora vamos a jugar a un juego.
Lo único que tienes que hacer es ver las citas de las parejas (es un programa de citas a ciegas) y adivinar qué va a pasar.
Por ejemplo, puede pasar que al final de la cita él diga no y ella sí.
O puede que ella diga no y el diga sí.
Lo mismo los dos dicen no o sí.
En el amor hay tantas posibilidades que a veces uno prefiere tener el corazón de hierro.
El juego que te propongo se trata de ver “la seducción”.
De ver si esos aspirantes a Casanovas entienden el juego y se llevan a su amada, amado o amade (hay mucho amade en First Dates)
El juego es adivinar qué va a pasar en función de cómo va la cita.
Por ejemplo, hará como un mes fue una pareja.
Un chico y una chica.
Todo heteropatriarcal y heteronormativo.
Todo en su sitio como a mi me gusta.
El chico guapo, diseñador creo que era. La chica mona, rubia y chilena. Buena pareja.
La chica se dejaba seducir. Reía, callaba, escuchaba, se sonrojaba.
¿Él? Hablaba. Mejor dicho, papagayeaba.
Qué mona eres, qué pelo tienes.
Ella solo reía y él seguía:
Qué acento tan bonito, qué chulo.
Ella dijo que chulo en Chile era algo muy negativo. Él torpemente y haciendo ver que le gustaba le dijo que no. Que en España chulo era pues eso, chulo. Bonito, guapo, bello. Además, que él era también muy chulo, pero se trabó en la explicación y no quiso entrar en más semántica.
Él solo quería decirle a ella que era guapa, que le gustaba. Hacía muchos esfuerzos para que se le notara.
Y se lo decía.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
La mona rubia chilena se sonrojaba pero nada más.
En verdá hacían buena pareja.
Pero ella le dijo que no. Que buscaba algo más y que como amiga encantada, pero nada más.
Él se quedó chafado, triste, ridiculizado. Pensaría “qué raro, si le he dicho lo que quería oír”.
El mal de los hombres es que pensamos solo en nosotros mismos.
Para follar es especialmente verdad. Somos unos cerdos egoístas.
Él solo pensaba en sí mismo y en decirle las palabras adecuadas:
Bella, pelo bonito, chula. Ah, no. Chula no.
Pero no se fijaba en ella. En su cara seria, en su postura, en que la conversación era irrelevante.
A simple vista hacían buena pareja.
Pero por pequeños detalles que se vieron en la cita estaba claro que ella le iba a decir que no.
Y de eso se trata el juego: de ver donde están los detalles que hace que se consiga una cita o no.
De que alguien “persuada” al otro o no.
De que se lo lleve a la cama o no.
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Migui.

