
Cuando trabajaba por cuenta ajena me levantaba a las 5:00 am para hacer los productos que más tarde vendería. Trabajaba 2 o 3 horas por la mañana y luego otras 8 en agencia o con clientes.
Ahora estoy lejos de levantarme a las 5:00 am.
De hecho, estoy lejos de hacer cualquier cosa que dicen en YouTube que hay que hacer para “emprender”.
Por ejemplo,
Veo la tele hasta las tantas y muchas veces el contenido no es “ilustrado” o de “desarrollo personal/profesional”. Veo la Isla de las Tentaciones y cosas así.
Es raro que madrugue, me levanto a las 9:30-10:00.
No hago la cama conforme me despierto.
No desayuno purrige con chía y un batido de frutas del bosque.
No medito nada más levantarme.
No voy a caminar una hora o a correr o al gimnasio o a yoga o a…
No leo nada más despertarme.
Mucho menos cojo un libro, me siento en la mesa, me pongo recto como un palo y empiezo a hacer “lecturas rápidas” con ansiedad a las 8:00 de la mañana.
No bailo a las 12:00 porque así el cuerpo libera no sé qué.
No tengo un diario de agradecimientos.
No hago duchas frías.
No tengo un diario de logros.
Si te digo la verdad conforme me levanto cojo el móvil. Pero como es un móvil de mentira (no tiene internet, ese está en el despacho) lo vuelvo a dejar.
Nada más despertarme no me quiero comer el mundo, solo me quiero comer una tostada de jamón serrano.
Por la mañana estoy tan empanado que confundo la sal con el azúcar para el café.
Y eso que tomo azúcar moreno.
A esas horas no quiero saltar, no quiero gritar, no quiero “vibrar”…solo quiero mi puto café y no sé cómo soy tan lerdo de volver a meter la sal en el café.
Le digo a Alexa que ponga música tranquila y ahí estoy en la cocina despertándome con calma.
No tengo que hacer ninguna checklist desde las 5:00 am para ser feliz.
Sencillamente sé que será un gran día porque un día decidí coger las riendas de mi vida.
Mi caballo iba hacia una dirección, pero golpeé con fuerza y fui para la que yo quería.
No para la que mi familia, sociedad, profesores querían para mí.
Fui haciendo donde yo quería ir.
Te lo recomiendo, es una sensación liberadora y te evitas (al menos en mi caso) en hacer un montón de cosas extra para llenar un vacío.
Eso sí.
Cuando quise hacer el cambio sabía que sí tenía que hacer varias cosas:
– Trabajar como un auténtico hijo de la grandísima para conseguirlo.
– Saber en qué tenía que trabajar para conseguirlo.
¿En qué tenía que trabajar?
En saber lo que el otro quiere.
Y en decir las palabras adecuadas para que no solo lo quiera, sino que lo desee anhele y sueñe con eso que yo tenía.
Tenía que aprender a hacer las dos cosas.
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+9Migui.

