
En el verano 200 A.C me fui a las Tablas de Daimiel con mi padre.
Hacía calor y solo queríamos aburrirnos porque como él decía “aburrirse es de rico” (es que viene de una familia pobre)
Como tenía entre pocos y muy pocos años y no quería morirme de aburrimiento en la España profunda me compré un libro.
Bueno, me lo compró mi madre pero tengo que decir que me lo compré yo porque si no la comunicación se hace insoportable.
Ok, ¡ya basta!
El libro que me compré era Diario de un Skin donde Antonio Salas se infiltraba con los neonazis de Madrid para su hacer este libro.
Era un libro con ritmo, frenético, corto, dónde había calvos y peleas, cervezas y gritos, fútbol y patadas.
Además creo que cayó alguna paja porque también había tetas literarias.
Después de leerlo y contra todo pronóstico no me hice Nazi pero sí saqué en claro una cosa:
Si quería conocer algo el día de mañana la mentalidad que tenía que desarrollar tenía que ser como la de Antonio Salas.
Tenía que ser el que más sabía de esa temática para que no me pillaran siendo un infiltrado.
Antonio aprendió todos los códigos, vocabulario, expresiones, vestimenta, jerga, modismos, lugares, la cerveza que tenía que beber y hasta el acento que tenía que poner (hay mucha diferencia entre un pijo de Madrid y un skineta de Luche)
Esa mentalidad, las preguntas que se hizo él, la manera en que pensó para infiltrarse es lo que me inspiró a hacer el tipo de investigación que creé para el Método Vàzkosky.
Hay una premisa para la investigación: el que más sabe de un mercado, gana.
Repito:
El que más sabe de un mercado, gana.
https://miguelvz.com/narrativa-org/
Migui.

