
Hoy vi algo poéticamente extraño:
Cuando iba camino del despacho vi un hombre trajeado.
Zapatos, pantalones raídos, camisa, americana y corbata.
Todo de un azul oscuro casi negro precioso, elegante, con estilo.
Porque esa es otra, el nota tenía estilo.
Llevaba un paso marcial que daba gusto verlo: iba recto, tranquilo, sosegado. Con aire servicial pero chuleta.
Algo así como un madrileño pero indio.
Lo vi de lejos, me crucé con él y luego me tuve que dar la vuelta para darme cuenta de verdad que lo que estaban viendo mis ojos era cierto:
Estaba yendo a pelo en mitad de la tormenta y se la pelaba.
No te contaría todo esto de no ser porque en el momento en que lo vi (9:43 de la mañana) el cielo se estrujaba en llantos y llovía y llovía y volvía a llover.
¿Sabes de la típica lluvia que si estás 5 segundo pillas una neumonía porque literalmente es como ponerte debajo de la ducha?
Exactamente esa era la lluvia que hoy, a las 9:43 de la mañana, caía en la ciudad de Oviedo.
Yo llevaba paraguas.
My little pricess llevaba paraguas.
Los niños, los ancianos, todo el mundo llevaba paraguas.
Hoy no podías no llevar paraguas porque el efecto de no llevarlo era el mismo que sumergirte en una piscina.
Sin embargo a ese tipo le ha dado igual la lluvia, su traje, la gente mirándole fijamente (como yo), el que acabara empapadísimo, lo que pueda pensar la gente cuando llegue a su destino.
Le ha dado igual todo.
Qué buena actitud.
El tipo solo sabía que iba a un lugar e iba en línea recta sin desviarse.
Qué gran actitud.
Actitud válida para cogerse una neumonía (a mucha honra pensará él) y para hacer lanzamientos.
Fijarse una meta y dirigirse a ella sin desvío.
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Cayus Migui’s.

