
Si estás aquí ya tienes que saber que tu capitán, el hombre que siempre navega con el mar embravecido, no para de cagarla.
Por ejemplo:
Soy el típico que si trata de coger dos cosas a la vez una se le caerán.
Siempre me mancho la camiseta cuando como.
Si me subo a una moto de agua vomito toda la ensalada.
Al último entierro que fui, da la casualidad que antes de ir tuve un accidente de coche donde casi me arrollan y muero. Esto no es exageración, es literal. Tenía el coche aparcado, abrí la puerta que daba a la carretera para sacar al perro y en ese momento un coche pasó al lado y reventó la puerta con su retrovisor casi matándome a mí.
El caso es que lo primero que dije cuando llegué al tanatorio fue «¡Casi hacemos un 2×1 en ataúdes!»
Literalmente no paro de cagarla.
¿Y en el negocio, la cago o no la cago?
Posiblemente creando este aparato que tengo debajo de las piernas es donde más la cago.
¿La razón? No paro de hacer (cosa rara en estos tiempos de gente floja que a la mínima abandona)
Además, los aciertos o victorias se ven muy obvios.
Si aciertas, ganaste lo más grande.
Si no, aprendiste lo más grande.
Cada “aprendizaje” te puede costar 4.000€ (este es el último que tuve), 10.000€ (este fue del año pasado) o 20.000€ (este fue de un cliente)
Si la cagas, no vendes o vendes menos, pero por otro lado, esa lección había que aprenderla.
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Migui.

