
Ayer estaba hablando con un amigo que quiere emprender en internet.
Quiere montar su negocio de Crossfit online.
Quiere vivir donde sea porque quiere que su trabajo sea remoto.
Quiere hacer una, dos, tres o cuatro consultorías al día y el resto del día entrenar y acariciar aceras.
Pero se encuentra ante un muro de cemento.
“¿Por dónde empezar?
¿Cómo hacer?
¡No sé cómo se hace, estoy bloqueado!”
Bien.
Lo primero que uno tiene que hacer es tener claro qué producto/servicio quiere vender.
Tienes que tener claro cómo es el producto/servicio.
Pero no en plan copy, sino en bruto. En feo.
O sea, ¿cuánto tiempo dura?
¿Presencial u online?
¿Soporte o no?
¿Cuánto tiempo dura la sesión/videos?
¿Hay contenido extra?
Ese tipo de cosas.
Lo primero que tienes que hacer es sentarte y pensar en las características.
Lo feo.
Es como si quiero sacar el nuevo Iphone y me centro en qué cámara quiero que tenga, cuántos pixeles, luz led, pantalla de litio, etc, etc.
Tengo que pensar esa clase de cosas.
Eso es lo primero.
Sin embargo, nada de eso venderá el producto/servicio.
Ningún tangible se vende porque es lo feo.
Pero es necesario para la venta.
No sé, es raro.
Bien.
Una vez tienes las características, envuelves el producto.
Del mismo modo que el Ferrero Rocher está envuelto en papel dorado que cruje de ilusión, tu producto/servicio tiene que tener un envoltorio.
Un saber presentarlo.
Un clímax.
Una estética.
Si no envuelves el producto, te queda algo gris, áspero y donde la gente compite por precio.
Si lo envuelves, el precio se vuelve irrelevante porque el producto es ilusionante.
Todos mis productos llevan envoltorio. Hasta los más ásperos.
Saber envolver los productos es saber darles valor, es hacerlos atractivos, es saber venderlos, es hacer el precio irrelevante.
Saber envolver las ofertas es muy importante.
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El Migui.
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