
Cuando era un auténtico yonki del bacalao’ (y no el yonki de pacotilla que finjo ser ahora) salía con mis colegas a muchas discotecas.
Pero xhxb acabábamos en 2:
– En la tren.
– O en la copera.
Quienes estuvieron por Graná allá por los increíbles años 2000 en adelante sabrán de qué va la vaina.
Imagínate un ruido ensordecedor como si te pusieran unos cascos de avión que te retumbaran las orejas.
Pum-pum-pum.
A ese ruido le llamaban música.
Esa música estaba en discotecas que por poco era jaulas gigantes negras, con gente de negro, con los pulmones negros y la nariz blanca botando al unísono aquella melodía del hades.
Música del infierno si estabas cuerdo, música celestial si ibas hasta el culo.
Sudor, esnifar, saltar, codazos, rozarte con el de al lado, un enano que va corriendo por toda la jaula, un vikingo motero, skinheads haciendo pogo, más música, otro ron con cola, más eme.
¡Y vámonos de fiesta!
Me acuerdo que un amigo que vino por primera vez a ese tipo de ambiente dijo después de tomarse una poción mágica:
Ahora entiendo la fiesta.
Lo que pasa es que cuando estás tan arriba llega un momento en la noche en que te pones tontorrón.
Y ahora no solo quieres ir hasta el culo, quieres culos.
Pero lo que ocurre en ese tipo de discotecas es que el “baile” es una coreografía de Walking Dead.
Quiero decir:
Cada uno va a lo suyo, el baile es ensimismado, pegas botes solo, estás tú y tu coloqueta y si en algún momento interactúas con alguien es con tu colega o con Dios para decirle:
¡San Pedro, no iré contigo. Prefiero quedarme en el infierno!
Y sigues bailando mirando al suelo, con los ojos cerrado, tú solo.
Cuando estás en ese tipo de ambiente puedes hacer un juego de miradas pero la música te indica que sigas bailando solo.
Todo el mundo está hasta el culo y puedes estar pegando botes enfrente de la piva de turno que puede no pasar nada en toda la noche.
Es decir, literalmente tú y la otra persona podéis estar los dos el uno al lado del otro queriendo follar como gorrinos pero nadie se acerca.
Es un tira y afloja que parece que no llega al clímax.
Literalmente puedes estar enfrente de la mujer de tus hijos y que nunca pase nada.
Y no pasa nada porque la música, el ambiente, el contexto, la coloqueta que llevas encima y la otra persona también no indica con claridad que tenga que pasar algo.
Por eso si quieres follar no vayas a un sitio de música electrónica, ve a un sitio de reguetón.
O de salsa.
O de bachata.
O donde puedas coger a alguien de la cintura, darle un par de vueltas, tomaros un chupito, hablar tranquilamente (imposible hablar con tecno) y de la que vuelves a la pista, al final del baile, con el roce que hace el cariño llega el beso.
¿Moraleja?
Ve allí donde está lo que quieres.
Ve a la pista de baile donde está lo que buscas.
No te equivoques de medio, no todos son iguales ni para follar ni para vender.
Para vender, por ejemplo, el mejor medio que existe sigue siendo el email marketing (miles de datos avalan esta afirmación)
El email sigue siendo la mejor pista de baile.
https://miguelvz.com/narrativa-org/
Miguiyagui.

