
Gran parte de este verano lo estoy pasando en Elche.
Me he comprado un pisito en Oviedo (a tocateja, perro) y como lo estamos reformando tengo que estar aquí.
Hacía mucho tiempo que no estaba en Elche, el lugar que vio crecer a tu humilde narrador.
Y con la llegada al viejo hogar veo a viejos amigos.
Muchos de ellos no saben exactamente a qué me dedico gracias a mi falta de interés por que lo sepan.
¿A qué te dedicas?, me preguntan. Vendo cosas por internet, respondo para no seguir la conversación y hablar de furbol.
Pero el otro día un amigo me insistía. “Pero, ¡qué cojones haces exactamente!”.
Pues mira. Enseño a la gente una habilidad que se llama copywriting. Eso sirve para vender. ¿Los anuncios de la radio? Pues lo mismo pero en internet. Enseño a escribir anuncios. Y tengo varios cursos. “hostia, cómo te lo has montado, ¿no? ¿La gente lo paga?”
Eso es lo que me dicen siempre.
Pero mi respuesta también es la misma:
El precio más alto que pagamos es el precio de la ignorancia y no hay nada más barato que el precio del saber. Y dentro del saber, el saber cómo vender es la primera puerta que hay que abrir porque de esta surgen todas las demás.
Cuando sabes vender, ganas dinero y el cuento es totalmente diferente. Estás en otro punto.
Todo el mundo que ha pasado por ese proceso lo sabe bien.
Quien no lo ha pasado piensa que todo es caro, que la gente te quiere timar, que no vale la pena, a ver si va a ser humo.
Pero lo que es humo es la vida miserable, pobre y vacía que han decidido vivir por miedo.
El precio de la ignorancia es el precio más alto que pagamos. Siempre. Por eso la gene lista lo paga porque sabe que hay una vuelta de la inversión.
Y así estoy un rato respondiendo. Claro, cuando digo este pitch se me queda mirando como diciendo “Ok, Migui. Ya entiendo porque no quieres hablar de tu trabajo. Yo también prefería no saberlo”
https://miguelvz.com/narrativa-org/
Migui.

