
El otro día releía unas notas de Dan Kennedy como un monaguillo lee sobre Dios que decían así:
Ser tímido o soso en sus afirmaciones y promesas es un problema. Muchos creen que sus clientes son más inteligentes y sofisticados que otros, y son inmunes al sensacionalismo y la hipérbole. Tal vez ofendidos por ello se desacreditan a sí mismos al participar en ello. Error. Estas creencias están en contradicción con los hechos y la experiencia, ya que en cada categoría de producto o servicio, en los medios dirigidos a personas presumiblemente educadas y sofisticadas, puedo encontrar ejemplos de anuncios que hacen afirmaciones grandiosas y extraordinarias que tienen un gran éxito. Zig Ziglar tenía razón: «Los vendedores tímidos tienen hijos flacos» sin importar a quién le vendan.
Sabias palabras de uno de las mentes más brillantes del marketing y copywriting que va en contra de lo que está pasando hoy en el mercado español:
Antes había promesas grandilocuente imposibles de alcanzar, ahora promesas flacas 0 motivantes para comprar por miedo a no parecer un vendehúmos.
Promesas que van acompañadas de frases con “tal vez, quizá, no sé, lo mismo sí, o no” que hablan más del miedo de la persona a que se le meta en un saco que a decir las cosas como son.
Volvamos a la última frase del párrafo.
“Los vendedores tímidos tienen hijos flacos”.
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Migui.

