
Estoy escribiendo este email a las 22:17 justas.
Pero no me importa.
Un día decidí que ya era hora de decir lo que tenía que decir.
Y que si no lo decía seguramente acabaría con una esquizofrenia de caballo.
Necesito plasmar los pensamientos en palabras y compartirlos con el mundo.
Es una forma de sellar en piedra lo que alguien algún día pensó y me ayuda a estar en paz conmigo mismo y el mundo.
Necesito escribir. Pero no solo escribir. Ahora siento una necesidad imperiosa de compartir con la gente. Como reclamando el contacto con el mundo, con la gente.
Soy una persona de personas y sin ese contacto y sin decir lo que siento y sin dar mi punto de vista y sin ayudar a la gente y sin nada de eso valdría la pena nada.
De fondo suena “Mi viejo” de Karl. Es una melodía increíble como telón de fondo.
Envuelve todo mi despacho de un aire místico con una pequeña luz que tengo encendida y la noche.
Noche de verano. ¿Puede haber algo mejor?
Y aquí estoy.
Escribiendo.
Es lo que hago. Escribir. No siempre lo hice. Pensaba que era una mariconada escribir y no escribía.
Pero por dentro me reconcomía la idea de no dejar nada al mundo.
Tantas ideas, tantos pensamientos, tantos interesantes puntos de vista que oigo, escucho, leo y…¿quedarán sin compartir con el mundo?
¿Qué sentido tiene la vida si no puedo compartir lo que sé, lo que siento?
¿Qué sentido?
Ahora la canción ha llegado a una parte que dice
La tarareo como un imbécil que mira a la luna y piensa que ir hasta allá es una chorrada.
Que la vida está aquí. Cerca. El viaje está al otro lado de la esquina.
Decide tú qué quieres para tu vida.
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Miguiyagui’s.
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