
Sé que la pantalla en blanco de tu ordenador puede ser como un muro blando de cemento sólido.
Un lugar infranqueable, algo que no puedes traspasar y que lejos de darte “creatividad”, te la quita.
Lo sé porque yo soy el primero que escribe a diario.
Lo sé porque me dedico a ello.
Y sé que ese muro de cemento blanco digital pueda dar ansiedad y hace que postergues hasta el infinito cualquier texto que tengas que escribir.
Daré un tip rápido: si sientes que tienes la mente congelada escribe algo que resulte infantilmente alcanzable. No sé, firma el email.
Ya tienes el nombre, bien. Ahora, haz el cierre del anuncio. Perfecto, fueron cuatro líneas. Ya lo tienes.
¿No te apetece escribir más? Vuelve mañana y ve tocando cosas sencillas, fáciles, que no cueste, que sea infantil dejar de hacerlo.
En cero coma te darás cuenta de que ese email, esa landing, esa carta de ventas, ese presupuesto, ese lo que sea lo tienes.
El copywriting no se escribe, se esambla. Es una especie de lego donde vas juntando piezas.
Una aquí, otra allá, otra de más acá.
Y cuando te quieres dar cuenta tienes toda la casa montada.
La gente piensa que sobre todo necesitas tener inspiración, talento o arte, no.
Lo que necesitas es saber qué información va aquí.
Qué información va allá.
Y qué decir en cada uno de los puntos.
Eso, qué decir en cada sitio.
Si sabes siempre qué decir, tendrás el mundo a tus pies.
Al fin y al cabo la expresión de “me ha dicho lo que quería oír” tiene connotaciones negativas pero tiene resultados asombrosos.
El tema es que la gente ni sabe qué quería oír el otro, ni sabe cómo decirlo, ni mucho menos cuándo hacerlo.
https://miguelvz.com/narrativa-org/
El Migui.

