
Cerca de mi casa hay una tienda de antigüedades.
Pero no una de esas tiendas con alfombras persas y relojes de cuco.
Nop.
Es una tienda que vende cosas antiguas que nadie nunca comprará.
Por ejemplo, en el mostrador tienen una gran gama de relojes Casio. Cuando digo gran gama es que tienen todos los modelos.
El primero que sacaron allá por el 32 A.C y el último modelo que les llegó en los 90.
También tienen radios que no comprará nadie.
Discmans.
Juguetes extraños con caras extrañas.
Es como una tienda de todo a 100 pero de electrónica chunga.
También revelan fotos porque claro, venden la cámara Kodak de toda la vida también.
Ese tipo de tienda de cosas antiguas. Ya me entiendes.
El caso es que dentro de la gran gama de productos que nunca venderán uno me ha llamado la atención cuando he pasado hoy.
¿Qué era?
Una afeitadora eléctrica con cámara integrada de la marca Braun.
O sea…
Por alguna razón Braun pensó que el mejor momento para sacarse una foto era después de afeitarte las piernas, la cara o el culo.
Supongo que el departamento de I+D de Braun pensó algo así:
“Sí, este producto será un éxito. Así cuando la gente esté bien afeitada no tendrán que desplazarse -con la pereza que da eso- al otro lado de la casa para sacarse una foto de sus resultados porque esta maquinilla ya vendrá incorporada con cámara”
¿Resultado de estas virutas de sabiduría?
La cámara-maquinilla tenía polvo en el escaparate.
Mira.
Cuando hagas un producto no inventes.
Cuando hagas un servicio, tampoco.
Cuando escribas para vender, menos.
No inventes.
Son muy pocos los que inventan, pero hay tanto dinero sin inventar nada que da gusto así la vida.
El maestro Gary Bencivenga ya lo explicó hace muchos, muchos años.
Para hacer cualquier producto/servicio/copy simplemente hay que ceñirse a cómo funciona la persuasión humana.
Solo eso.
https://miguelvz.com/narrativa-org/
El Migui.

