
Si esta semana ha sido larga puedes descansar leyendo esto:
Ayer fui a comer a un chino. Un chino novedoso. No tenían wantún frito ni perro.
Así que era novedoso de cojones.
La estética increíble. Como si estuvieras dentro del palacio imperial y tal.
Impresionante. Cada mesa estaba como dentro de una salita para darte intimidad.
Solo faltaba una sala para fumar opio y listo.
Nos sentamos.
Vamos My little princess, Iker y yo.
“Es una experiencia novedosa” – nos dicen.
Pues sí empezamos bien, pienso.
Todo se come dentro de una olla con caldas. Una especie de fondue francesa pero china.
3 caldos. De tomate, picante y de setas.
Oh, caldo de tomate. Qué novedad.
Solo se puede comer con la especie de fondue, y solo eso ya te cuesta 20€ más las salsas, otros 5€.
Es decir, solo por sentarte son 25€ porque para comer es necesario eso.
Bien.
Me he sentado y ya me he gastado 25€. Desde luego, los chinos son listos.
Le pedidos recomendación al camarero.
Tendría 20 años y una fumada encima que flipas. Nos dice que pidamos verdura y una carne.
Nos llega la ensalada y solo se puede meter a la sopa.
Faaaak.
Vamos con la carne. La metemos en el bol ardiende de setas.
La sacamos.
La comemos.
Y no sabe a nada.
Faaaak.
Vamos a pedir unos tallarines, al menos.
Los pedimos.
Los metemos en la salsa de tomate.
Y por 54€ nos comemos un plato pequeño de espaguetis malos.
Gran negocio el del chino.
No sé cómo no se dan cuenta algunos restaurantes y cafeterías que su negocio es el de la recurrencia.
Crea un producto tan bueno al que la gente se vuelva adicta.
Conoce al mercado.
Entiende a las personas y no le vendas a un asturiano una carne mala a precio de ternera asturiana.
Sé listo. Haz que vuelva.
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Miguel Vz.

