
Llevo haciendo webinars 5 años.
El 1º que hice estuve nervioso 2 semanas antes del streaming.
Me acuerdo de estar en Madrid con my little princess y subirnos al patinete eléctrico por primera vez como un niño en celo porque tenía que destensarme.
Es más, tenía tanta tensión acumulada que fuimos a comer a una hamburguesería y no comí.
Y los veteranos de esta lista saben que soy una auténtica foca marina con el arte gastronómico.
Pero estaba tan nervioso, tan tenso, tan agarrotado que no me entraba nada.
A medida que aquél webinar se fue acercando me fui poniendo más y más nervioso.
Hasta el día de la emisión.
Ese día fue como el examen final. Lo quería hacer ya y punto.
Me la pelaba todo, como saliera, salió.
A aquella masterclass fueron unas 6 personas.
No compró nadie, tampoco me importó.
Lo hice únicamente para romper un techo de cristal mental que tenía que quebrar.
Ese era el fin del webinar.
Mucha gente no hace webinars y no los hace no por no saber, sino por el miedo a la crítica.
Diré algo:
Cuanto antes te critiquen, mejor.
Hace poco me pegaron una funada (criticada) de cojones. ¿Crees que me importó? Claro que no. Ladran, porque avanzamos. Pero sobre todo no me importó porque el “duelo” de la crítica ya lo pasé hace tiempo.
La inmunidad a la crítica es uno de los grandes poderes personales que puedes tener.
Y se logra curtiendo tu piel en la batalla. Se logra haciendo que algunas pequeñas personas te critiquen.
Te critican, te curtes.
Cuanto antes, mejor.
Si no haces la cosas por miedos, no te irá bien.
Si das un paso adelante el mundo cambiará.
https://miguelvz.com/narrativa-org/
Jaro Maikel.

