
Marian, la mujer que nos ayuda en casa con la limpieza, me contó hace poco que una mujer con la que había trabajado murió.
De repente, un día, estando ella tan tranquila viendo lo que fuera en la tele se le apago el cerebro y se quedó en el sitio.
Me dijo que estaba muy triste. Pero sobre todo me dijo que estaba decepcionada.
-¿A qué te refieres con que estás decepcionada? ¿Qué tiene que ver la decepción con la muerte de esa persona que apreciabas?
-Pues estoy jodida porque no me llamaron para contarme que Angelines (así se llamaba el ya fiambre que murió mirando al televisor) había muerto. 5 meses pasaron de su muerte hasta que yo me enteré. ¡5 meses! Y me lo dijeron porque no les quedó otra, me los crucé en “Los Alsas” y me lo contaron. Así que imagínate si no me los llego a encontrar.
Puede que la historia no te diga nada.
Pero a me reafirmó algo que sabía pero que había olvidado.
A Marian no le importaba prácticamente la muerte de Angelines.
No estaba ni siquiera triste.
Al fin y al cabo, era una señora mayor a la que todos estaban cuidando esperando a ver si se moría de una vez.
Lo que le jodió, lo que le dolió, lo que le hizo trizas el corazón tan blando es que no la avisaran.
Que no la tuvieran en cuenta.
Que no pensaran en ella.
Que no se le reconociera.
Que no fuera importante para ellos.
Que no…
Siempre hay que saber qué quiere la gente para que tu producto venda eso y no el producto.
Y ser reconocida es una de ellas.
Pero hay muchas más.
Te las cuento todas en el Método Vàzkosky.
https://miguelvz.com/narrativa-org/
El Migui.

