
Normalmente me levanto a las 5 A.M. Hoy me levanté a las 10 A.M.
El día era lluvioso, como que lloraba, y entre la calefacción de la cama y otras cosas del amar no me quise levantar. Así que he remoloneado un minuto, veinte, cuarenta más.
Pero a eso del minuto cuarenta y uno me acordé que tenía jamón para desayunar. Uno que me regaló mi madre en Navidad. Ibérico. No sé si 5 o media jota pero ya lo había cenado anoche, cuando por fin fui a recogerlo. Una locura.
Grasiento. Jugoso. Seco en boca y en paladar un sinsentido.
Así que el recuerdo del jamón de anoche fue lo que me hizo levantarme.
Ya en la mesa desayunando el cielo seguía llorando.
Llora, llora reque te llora, llorona.
Yo miraba a la ventana y lo único que pensaba era en lo a gusto que estaba.
El cielo, la lluvia, la calma, la claridad de la lámpara que alumbra todo el salón, el español desayuno, los niños, mi mujer, el café, quiero más jamón pero también quiero fresas.
La estampa. Esa estampa.
Todo a las 11 de la mañana de un marte 16 de enero.
Si esto no es vida que baje Dios y lo vea.
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Miguel Vz.

