
En el enigmático libro de El arte de la seducción, de Robert Green, hay un párrafo que dice:
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Lo que perseguimos como seductores es la capacidad de dirigir a la gente hacia donde queremos que vaya. Pero el juego es peligroso: en el momento en que sospeche que actúa bajo nuestra influencia, se sentirá resentida. No podemos soportar el sentimiento de que obedecemos a la voluntad de otra persona. Pero, ¿qué pasa si piensan que son quienes controlan?
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Definitivamente eso es lo que perseguimos como persuadores, copywriters, email copywriters, convencedores, creadores de opinión, personajes influyentes o como nos llamemos a lo que nos dedicamos a esto.
Todo gira entorno a guiar sin que se note.
Todo gira entorno a la paradoja de la persuasión:
Quiero convencerte pero no puedo forzar en convencerte porque si no no podría convencerte.
Por lo tanto, todo es un juego sutil, de insinuaciones, de semillas por aquí y por allá.
La persuasión no debe sentirse, ni verse, es la indirecta, la que coquetea, la que se insinúa, la que te atrapa, la no obvia, la sugerente, la sensual, la sexual.
En realidad, cuando más sé de copywriting más me doy cuenta que una inteligencia artificial complicado lo tendrá para sustituir al humano en el sutil arte de que no se note pero funcione.
Si algo es el copywriting/seducción es lo contrario a una fórmula o a una IA.
Es todo lo contrario.
Uno es una máquina perfecta, otro es un humano demasiado humano cuya imperfección, errores y genialidades le hacen parecer normal, conectar y vender.
¿Lo otro? Es otra cosa.
Porque ya sabes, no se tiene que notar pero debe funcionar.
https://miguelvz.com/narrativa-org/
El Migui.
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