
Me acuerdo, siendo muy joven y muy bobo, que una chica que me gustaba, que me gustaba de verdad quiero decir, se fue con otro delante de mi cara.
Estaba conmigo frente a frente y literalmente la cogió por la espalda y ella se fue con él. Así.
Parecía que se iba a ir conmigo, pero no sé si es porque era muy joven o demasiado bobo se acabó de ir con el otro.
Con el tiempo entendí que no era porque yo era demasiado joven (no tenía ningún sentido porque ella tenía mi edad) sino porque yo era demasiado bobo.
Y como era bobo decía cosas como…
…ella se lo pierde.
Pero si ese tío no vale nada.
Pero si es un mal tío que deja a las tías echas polvo (no, lo que le echaba eran polvos)
Pero si ese tío no me llega ni a la suela de los zapatos.
Pero si no hace nada con su vida.
Pero sí… [insertar rabieta].
Cuento esta historia porque ayer viendo la Isla de las tentaciones (los que sois vino añejo de esta lista sabéis que soy un fan absoluto) un chico, Montoya, volvía a clamar al cielo toda esta ristra de frases porque su novia se había ido con el bueno de Manué (a.k.a. “el carricoshe”)
La frase que más me gustó fue la que gritó a los Dioses de…
¡Pero si no tiene valores!
Montoya, ¿qué importan los valores para llevarte a alguien a la cama?
Una lección que aprendí muchos años después de aquella experiencia y que parece que Montoya la va a tener que aprender ahora es la de…
La atracción NO se elige.
Punto.
La atracción ocurre.
Se tiene o no se tiene, seas malo o malísimo, con valores o no, llegas a la suela de los zapatos a otros o no, la atracción no se elige.
La atracción sucede.
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El Migui.
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