
Compramos un libro por la portada.
Juzgamos a las personas por las apariencias.
Criticamos sin haber escuchado.
Hablamos sin saber.
El ser humano es maravilloso.
Vivimos en la apariencia más absoluta.
Por ejemplo, conocí a un chico español que vivía en EE.UU y el tío estaba sin blanca.
Vivía en la calle, comía lo que otros se dejaban el los McDonalds, joder era un puto vagabundo en EE.UU.
¡Imagínate la movida!
El caso es que no era tan, tan vagabundo porque el hijueputa vivía en un cochazo.
Se había gastado todo su dinero en un súper deportivo (no me preguntes cual, me la pelan los coches) solo por aparentar.
Porque si aparentabas bien te invitaban a comer, te llevaban a actos y te trataban de usted.
Bueno, esto no porque en EE.UU no existe el usted, solo el tú, pero dice que todo era reverencias y aplausos.
Pero vivía en la calle, dentro de su puto coche que casualmente era el ticket para que le invitaran a todas esas cosas.
En el marketing las apariencias no son las apariencias, sino lo que es.
La apariencia es la verdad.
Tienes que saber esto.
Te guste o no.
Aunque quieras ser auténtico, original o muy “tú” compramos un libro por la portada, por la apariencia.
Lo que quiere decir que un producto te entra primero por el ojo.
Esto en las cartas de venta (el lugar clásico de venta por internet) quiere decir que la carta no tenga un aspecto amenazante.
Sino que tienen que ser atractiva, sugerente, seductora, clara.
Estéticamente apetecible de leer.
No un Quijote infumable Arial 9px.
Si tu página da esa sensación no leerán y no comprarán.
Primero engancho con la promesa de una lectura fácil y suave gracias a un diseño limpio y claro.
Segundo remato con un copy agresivo que te lleva a la compra.
Es bastante fácil.
https://miguelvz.com/narrativa-org/
El Migui.
P.D: apúntate a mi newsletter a través del enlace de arriba. Ahí te propondré algo para que tus cartas de venta apetezcan leerse.

