
Se suele decir acertadamente que “más vale un gramo de práctica que 100 kilos de teoría”.
En esta línea también se dice eso de “acción masiva imperfecta”.
O aquello de “sin acción no habrá resultados” y blablablá.
La idea es clara: la acción será lo que dé el resultado.
Sin embargo, no es del todo cierto.
Conozco personas que llevan esto al extremo de la balanza y solo toman acción.
¡Acción, acción, acción!
¿Resultado?
Todo mal, todo cutre, todo a medio hacer, todo amateur.
¿Por qué?
Porque no hay conocimiento, visión o sabiduría en la acción.
Es ponerse a pelear sin saber cómo dar o encajar un golpe.
A todas estas frases les falta el elemento del conocimiento.
Así que me gusta más aquel proverbio japonés que decía:
“La visión sin acción es un sueño. La acción sin visión es una pesadilla”.
Personalmente actúo (lanzo) y me formo constantemente.
La una sostiene a la otra y viceversa.
En cuento a la formación si no estuviera aprendiendo constantemente (cueste lo que cueste) no estaría ni de lejos donde estoy ni tendría el negocio que tengo.
Es el conocimiento el que me ayuda a avanzar y sé que si quiero ir más allá tendré que seguir formándome sin parar a la vez que aplico lo que aprendo.
Pero la realidad es que a mí concretamente me gusta aprender por aprender.
Quiero toda la estimulación posible para un día ponerla encima de la mesa.
Para mí es estimulante, no agobiante.
Y no es agobiante porque aunque esté leyendo constantemente (sobre todo releo) sé que no tengo que hacer nada con esa información que consumo para “aprovecharla”.
Simplemente va nutriendo mi software mental para que un día, sin saber muy bien por qué, me acuerdo de lo leído y lo aplique a un anuncio, email o campaña.
Y fíjate que eso será el punto diferencial respecto a otra campaña porque yo hice el esfuerzo mientras que los otros no.
El punto es que no necesitas digerir y usar todo lo que leas para obtener el valor.
De hecho, el valor no está ni en el consumo ni en la aplicación inmediata.
Está en descubrir gemas.
Cuando Donald Trump aún era empresario comentaba que se levantaba todas las mañanas a las 5:30 para leer periódicos, boletines profesionales o libros (esto es algo que yo mismo hago pero a otras horas menos intempestivas)
Me imagino que la gran mayoría de lo que encontraba ya lo sabía o le interesaba poco.
Estoy seguro de que era lo suficientemente inteligente como para no preocuparse por eso, sino para buscar incansablemente ese hallazgo raro de algo que no sabía o una perspectiva fresca y diferente que desencadene en una acción posterior extremadamente rentable.
En realidad, la única diferencia entre un humano y un cerdo es su mente.
Tanto el humano como el cerdo comen (a veces con el mismo entusiasmo).
Pero solo algunas personas alimentan sus mentes regularmente y con tanto entusiasmo.
Esas personas son las que marcan la diferencia.
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Miguiyagui.
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