
De vezzzzz en cuando me da por probar nuevos profesionales.
Si me da la neura dejo a mi peluquero de 15 años durante un rato y luego vuelvo.
Y si me da por ahí dejo de ir a mi fisio de toda la vida para probar otros.
El otro día probé un nuevo fisio.
Simplemente le vi entrando en su consulta y pensé que tenía aspecto de «buen fisio», así que probé suerte.
(Sí, ese es todo mi criterio para tomar decisiones)
El tío muy bueno y tal. Lo único malo que es catalán pero bueno, yo soy valenciano que es casi lo mismo.
Y pasó una cosa que hacia mucho que no me pasaba.
Me contó la siguiente historia:
Una amiga estaba en el hospital porque se iba a operar.
Llegó el celador para bajarla a quirófano.
– Le bajo a quirófano, señora.
– Bien. Ahora me cambio.
Pero el celador no se fue. Se quedó inmóvil como si la privacidad de la mujer se la pelara.
– Eh…¿te puedes ir para que me cambie?
– Ah, no te preocupes. ¡Si estoy acostumbrado!
– Sí, pero yo no.
El fisio me contó esta historia. Así. Tal cual.
Acabó la historia y me dijo:
¿Sabes por donde voy, verdad?
Jajajajja. Me tuve que reir porque no tenía ni puta idea de por dónde iba.
Y me suelta:
Pues que hay que cuidar a las personas.
¿QuÉeeee?
¿Pero qué cojones tiene que ver una cosa con la otra?
El caso es que me pasé toda la consulta escuchando historias, pensamientos y reflexiones con moralejas o enseñanzas difíciles de encajar.
De verdad, no entendí nada de la sesión.
Te juro que salí hasta mareado.
Le decía una cosa y me contaba otra cosa totalmente diferente.
Sin conexión.
Sin ton ni son.
Sin pies ni cabeza.
Estuve todo el rato pensando…
Ay, chico. Léete este libro y aprende a cómo entretener a tus clientes cuando vengan a consulta contando buenas historias:
https://miguelvz.com/narrativa-org/
Migui.
P.D: puede que el email esté lleno de erratas. Lo he escrito en 4 minutos y no lo he releído. Me encanta lo puro y crudo.

