
Cuando estaba en la carrera me dio por ir de bohemio durante una larga época.
Llevaba riñonera.
Camisetas negras.
Cresta.
Y me fumaba hasta la hojarasca del otoño.
Como iba de bohemio y mi mente estaba en las nubes y veía la vida pasar desde mi ventana me dio por leer poesía.
“Ya que no follo, voy a ir como que follo a ver si follo”.
Dentro de esta “táctica secreta de seducción” empecé a leer un montón de cosas.
Pero había alguien que destacaba por encima de todos.
Cómo pintaba con las palabras, el virtuosismo, el ritmo, la energía que desprendía
Era una cosa arrolladora.
Te arrastraba con él.
Te llevaba dónde quería. Te zarandeaba, te mareaba, te tiraba al suelo, te escupía, te levantaba, te daba una palmada en la espalda y te volvía a tirar.
Hacía lo que quería con las palabras.
No he visto a una persona que fluya más y mejor que esa persona escribiendo. No tengo una biblioteca de 10.000 libros, pero ese tío debe ser de los mejores de la historia.
Seguro.
Esa persona no es otra que Federico García Lorca.
Y tiene gracia porque leía todo aquello en su Granada natal.
En sus paisajes, en su ambiente, en su atmósfera.
No sé, quizá eran los jaromaikels que me fumaba por aquella época pero no conozco a nadie con más control de las palabras.
Ese fluir, ese ser uno con el boli, ese ser uno con el papel, ese fundirte con lo que sea que sea Dios.
Años más tarde, cuando empecé a dedicarme al copywriting me he acordado muchas, muchas veces de Lorca.
De su fluir, de su energía, de su vivacidaz y como esta virtud es la más infravalorada de todas las virtudes del copywriting por todos los copywriters.
Sin embargo, siempre le he dado una importancia capital.
https://miguelvz.com/narrativa-org/
El Migui.
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