
Corría el año 2011-2012.
Yo estaba en mi residencia, en la universidad. Tranquilamente.
Digo tranquilamente porque aquel día llevaba un fumadón de cojones.
Era un día normal para mí, un día de universitario.
¿Sabes el tópico/meme de que los universitarios solo van de huelga y fuman porros?
Lo cumplía a la perfección.
Un día, se nos ocurrió la brillante idea de enchufarnos ketamina.
Para quien no lo sepa eso es anestesia para caballos.
xD.
Mi amigo Manu Corleone (a.k.a “El Chamán”) había preparado su pócima en su habitación y allá que me dirigí con él.
La semana pasada había tocado opio.
Pues esta semana, ¿por qué no keta?
Nos enchufamos dos rayitas. Poquita cosa, que estábamos de tranqui un miércoles por la tarde.
Yo no llegué a la segunda.
En el momento en que me metí la primera todo me empezó a dar vueltas y vueltas y vueltas.
Un mareo de cojones.
Unas ganas de vomitar de la hostia.
Y sí, empecé a vomitar.
Waujjj, waujjj (eso es sonido de vómito)
Waujj, wuajj (más sonido de pibe vomitando)
Cuando dejé de vomitar tuve una visión.
En mi anterior vida había sido Borges.
El escritor argentino. No sé por qué me dio por ahí, supongo que porque lo habíamos visto en clase la semana anterior o qué sé yo.
Pero yo decía “en la vida anterior fui Borges. Todo en argentino suena mucho mejor. El acento argentino es el acento más grande que tiene el español. Es el acento más sofisticado, más elevado de todos los acentos”.
Eso decía en mi coloqueta.
Pues bien.
Se ve que mi colocada sigue hasta el día de hoy porque sigo pensando lo mismo.
El acento argentino me parece el acento más sofisticado y elevado de todos los acentos del castellano.
Será por eso que al final de los vídeos que estoy haciendo en mi canal de YouTube (justo al final) aparece una voz en off de mi editor argentino.
Qué aterciopelada.
Qué elevada.
Qué sofisticada voz.
Es la guinda del pastel del video.
Es genial.
https://miguelvz.com/narrativa-org/
Mariskal Maik.

