
Ayer por la noche, mientras un bebé lloraba y el otro se me tiraba a la cara para matarme, My Little Princess me vio una calva en la cabeza.
Un redondel, un círculo, una esfera de piel en mi cocorota.
Joder, me estoy quedando calvo y encima por donde no toca.
Es una especie de coronilla estilo franciscano pero mucho más pequeña y a un lado.
Como cuando te pones la gorra de lado hacia atrás y pareces retrasado, pues igual pero con esto.
Eso, junto a que casi no puedo andar porque me deslomé la espalda el otro día hacen que me camufle perfectamente en Oviedo: soy un viejo más.
Busco y veo que se llama alopecia areata. Que puede venir del estrés y de blablablá.
Raro, no he tenido menos estrés en mi vida.
Pero el caso es que hay algo que sí no me deja dormir 100% tranquilo. Es un error que llevo cometiendo constantemente en mi negocio durante 2 años.
Día tras día lo cometo porque día tras día no pongo solución.
Tengo la idea, la pienso, la mastico pero no pongo remedio.
Hay un enorme valle entre la idea y la acción.
Ese valle está lleno de monstruos, serpientes y gente con ojos en la frente.
También está Medusa (la de la película de Hércules) que te vuelve piedra si la miras a los ojos.
Supongo que he pasado demasiado tiempo en ese valle paralizado por la mirada de Medusa y me ha salido eso en la cabeza.
Pero eso ya acabó.
La brecha que separa la idea de la acción ha terminado. Ya no existe.
La idea está completamente en movimiento. Es más, va como una puta locomotora.
https://miguelvz.com/narrativa-org/
Miguiyagui.

