
Hasta los 25 años no hice la O con un canuto.
Bueno miento. Solo hice “os” de humo con canutos.
Un día me desperté a las 15:00 de la tarde. Los tímidos rayos de sol entraban por una persiana totalmente bajada.
Pero los hijos de puta se coloraron. La estampa era celestial. Los rayos de sol queriendo entrar en una habitación oscura como buscándome, queriéndome despertar.
Parece que decían “Migui, levántate. Son las 15:00 de la tarde, estás hecho mierda, hueles mal, dúchate, haz algo con tu vida”
Habías dos rayos en concreto que me daban en la cara y por más que me movía más me daban.
Me levanté, salí de la habitación y cuando me giré a ver la cama ahí estaban los rayos de sol iluminando la estancia como si fueran sables de luz.
Solo se veía la oscuridad, los sables y esas motas de polvo que flotan en el aire.
La estampa era celestial.
Me duché, peiné, tiré todos los porros que tenía y salí a la calle.
Ese día iba a dejar la vida de mierda que tenía e iba a petarlo.
Iría a por lo que quería. Sin más.
¿Por qué nos cuesta tanto reconocer que tenemos ambición y que queremos petarlo?
¿Por qué vamos con el freno de marcha puesto?
¿Por qué cojones no pisamos el acelerador sin más y vamos a por lo que queremos?
El primer día de clase de mi nueva vida le pregunté al profesor:
¿Cómo se pega un pelotazo?
Me dio largas, él no lo había hecho.
Supongo que es una pregunta infantil, tonta, que te tienes que conformar con lo que quieres, que hay tener paciencia, que tal y que cual.
Que sí, que sí. Que está muy bien.
¿Pero cómo se pega el pelotazo?
Años más tardé lo logré ayudando en un único año a hacer +4’5 millones de euros.
La mayoría de alumnos que tengo interiormente desean petarlo.
Sin embargo, pocos lo reconocen.
Reconócelo, estamos todos en el mismo barco.
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El Migui.

