
Mi padre tiene 71 años, pero ayer tenía 30.
Se ha pasado media vida diciendo “quiero esto”, “quiero lo otro”, “me gustaría hacer aquello”.
Sin embargo, ahora se ve mayor. Con problemas de mayor. Con situaciones de mayor.
Ahora se da cuenta de que aparte de a sus familiares a nadie le importa.
¿Dónde está toda esa gente que le llamaba, que quedaba con él, que le hacía la ola?
Parece que ya no es importante para nadie.
Señor mayor, con sus cosas de mayor. ¿A quién le importa?
A nadie le importa porque a nadie le importa nadie.
Nadie es tan importante.
Esta es una verdad que es como un cuchillo afilado al corazón.
Es un daga en el pecho.
Es un jodido puñal lleno de sangre.
Sin embargo, para mí es una verdad que me hace completamente libre.
¿Pierdes el tiempo pensando qué hacer?
No lo pierdas, a nadie le importas.
Nadie está pendiente de ti, todo el mundo está demasiado ocupado consigo mismo. Tratando de resolver los micro o macro problemas que todos tienen.
Nadie está mirando hacia a ti.
No es el puto Show de Truman.
Y eso es una de las verdades más increíbles y liberadoras que existen:
A nadie le importas. Puede que te critiquen pero a nadie le importa.
Puede que te juzguen pero a nadie le importa.
Y si a alguien le importa no durará mucho tiempo.
¿Quién se acuerda de la reina Isabel II?
Nadie.
Qué liberación.
Haz lo que tengas que hacer. “Ayer tenía 30 años” me dijo esta semana mi padre.
Ahora tiene 71 años.
¿Pierdes el tiempo? No seas bobo, haz lo que tengas que hacer y hazlo ahora.
Si sale bien, genial.
Si sale mal, a nadie le importará.
Hazlo ahora, lánzate.
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Migui.

