
Hubo una época en que ligaba mucho.
Pero mucho es mucho.
No lo digo en plan Maik’s Casanova se tira el rollo.
El ron añejo de esta lista sabe que siempre fui un perdedor en todo (y lo sigo siendo, gracias a Dios).
Pero en el Erasmus (antes de conocer a my little princess) tiraba a canasta y encestaba más de lo que nunca me hubiera imaginado.
Alguna vez he hablando de esto.
Pero para los nuevos:
Acomódate porque este email te va a servir para entender el arte del remate corporal, la venta, el branding, la creación de mundo y para un montón de cosas más.
Lo primero: tenía una vida.
A diferencia de mucha gente en el Erasmus yo tenía una vida.
Es decir, no iba a clase y luego a la residencia a fumar porros o de fiesta todo el día.
No.
Sino que iba a clase, estaba en la residencia, fumaba porros, me iba de fiesta pero también viajaba por el centro de Europa cada 2×3.
Siempre estaba haciendo cosas.
Tenía una vida rica en experiencias.
Tenía una vida más allá de estar en una residencia de estudiantes.
Parece una tontería pero eso hacía que me lo pasara bien, estuviera bien y no tenía necesidad de mojar el churro para enriquecer mi vida.
Estaba feliz porque tenía una vida donde pasaban cosas constantemente.
Quédate con esto.
Tenía una vida.
Lo segundo: me volví completamente loco con mi aspecto físico.
Un día llamé a mi amiga “La Paca” (una polaca gorda más gitana que eslava) para que me hiciera una cresta de mohicano.
Yo pensé que me iba a quedar como Beckham.
La realidad es que parecía un punki politoxicómano ruso escapado de una cárcel.
Pero el aire apocalíptico que me dio parece que gustó al género femenino (contra todo pronóstico)
¿Lo primero que escuché cuando salí de esta sesión de estilismo?
Voces femeninas que decían:
“Tiene que tener mucha seguridad en sí mismo para hacer eso”
“Qué personalidad”.
Incluso escuché…
“Qué feo…pero me gusta”.
Supongo que gustaba porque me daba completamente igual si gustaba o no.
Me la pelaba todo completamente. Qué gran época.
Lo tercero. La fiesta vivía en mí, estaba en mí, no necesitaba nada más.
Cuando digo que no necesitaba nada es nada.
No bebía, no fumaba, no me drogaba e iba a la fiesta con una botella de agua a divertirme.
Yo, mi cresta, la música tecno, aquella discoteca salida de Mad Max y mi botellita de agua.
En realidad ¡yo era el puto Mad Max!
Y me lo pasaba increíble con todo el mundo.
Hacía lo que quería y siempre tenía una sonrisa en la cara.
Joder, estoy escribiendo este email a las 7 de la mañana antes de que se despierten mis niños y me dan ganas de ir con ese tío a ver qué me puede ofrecer.
Todo esto me hacía “atractivo”.
Supongo que porque no denotaba necesidad como el 99% de tíos porque realmente ni siquiera quería ligar muchas veces.
Yo era el cazado, no el cazador.
¿Moraleja de esta feliz historia?
La mentalidad para vender es la misma.
Tú no eres el cazador, eres el cazado.
Tú no buscas, a ti te buscan.
Tú eres el objeto de deseo.
Tú tienes una vida, un producto, una sonrisa en la cara y la gente te tiene que querer.
Tú no buscar, amigo. Tú solo ofrecer porque tú aportar más al otro que el otro con su dinero.
No vendes, te compran.
A todo esto lo llamo “actitud” y es uno de los 4 pilares con los que he dividido el copywriting.
Los otros 3 pilares los puedes encontrar muy desarrollados aquí:
https://miguelvz.com/narrativa-org/
Er Migui.
P.D: los 4 pilares están en el Método Vàzkosky, mi curso de copywriting. Para acceder, apúntate a la lista de correos a través del enlace de arriba.

